Amar a un ídolo: el lado oscuro de las relaciones parasociales en la cultura pop

Vivimos en una época donde podés saber qué desayunó tu cantante favorito, leer los pensamientos más íntimos de un actor en un posteo o ver en directo cómo tu streamer preferido se frustra con un videojuego. Las redes sociales borraron la distancia entre ídolos y fans, haciendo que la conexión parezca más real, más íntima, más “cercana”.
Pero… ¿qué pasa cuando esa cercanía se convierte en una necesidad? ¿Cuándo pasás de ser fan a sentir que esa persona es parte de tu vida? Ahí entra un concepto que explica mucho de la cultura pop actual: las relaciones parasociales.

¿Qué son las relaciones parasociales?

El término fue acuñado por Donald Horton y R. Richard Wohl (1956) para describir ese tipo de vínculo unilateral que el público forma con figuras mediáticas. En una relación parasocial, una persona siente una conexión emocional o íntima con alguien que no la conoce en absoluto: una celebridad, un youtuber, un personaje ficticio, incluso un influencer. En palabras simples: vos lo seguís, lo admirás, lo defendés, te preocupa si está triste… pero él o ella ni siquiera sabe que existís.
Sin embargo, el cerebro no lo entiende así. Los estudios muestran que el cerebro procesa las relaciones parasociales de forma muy similar a las reales (Derrick, Gabriel & Hugenberg, 2009). Por eso se siente tan auténtico: las emociones, las rutinas, las charlas mentales internas, todo se vuelve cotidiano.

De los ídolos del cine a los influencers

Las relaciones parasociales no nacieron con TikTok ni con BTS. Desde las primeras estrellas de cine y televisión, las personas se encariñaron con rostros que veían a diario. Pero lo que cambió radicalmente fue la intensidad y la frecuencia del contacto.
Antes, ver a tu ídolo implicaba ir al cine o leer una entrevista en una revista. Hoy, podés verlo desayunar, responder comentarios o transmitir desde su habitación. Esa ilusión de acceso constante fortalece el vínculo emocional y difumina los límites entre lo real y lo mediado. Como dice la investigadora Rachel O’Donovan (2019), las redes sociales “han convertido la relación entre fan y celebridad en una interacción continua, inmediata y emocionalmente cargada”. Un fandom no es solo un grupo de fans: es una comunidad emocional. Un espacio donde la pasión compartida crea identidad, lenguaje, humor y pertenencia.

Lo bueno del fandom:

Te hace sentir parte de algo más grande. Permite crear, compartir y expresarte con libertad. Puede ser un refugio para quienes se sienten solos o diferentes.

Lo complicado del fandom:

Puede reforzar la dependencia emocional hacia el ídolo. Favorece comparaciones, competencia y toxicidad. Puede absorber tanto tiempo que termina reemplazando la vida social real. Las redes sociales amplifican todo: la emoción, la euforia, pero también el control y la idealización. Fans que vigilan qué hace su ídolo, con quién sale o si sigue a otra persona. Esa sensación de cercanía puede volverse peligrosa si se confunde con una relación real.

El lado oscuro

No todas las relaciones parasociales son dañinas. En su justa medida, pueden ser una fuente de motivación, consuelo o inspiración. Pero, como todo vínculo desequilibrado, puede derivar en ansiedad, frustración o incluso agresión.

Algunas señales de alerta:

Sentir que necesitás seguir cada paso del ídolo para estar bien. Sacrificar tiempo de estudio o descanso para consumir su contenido. Gastar dinero compulsivamente en merch, eventos o membresías. Enfurecerte si el ídolo no actúa como esperás. Creer que tenés una conexión única y especial con él. La periodista Arwa Mahdawi (2024), en The Guardian, advierte que la era digital ha “erosionado los límites entre celebridad y público”, llevando a una forma de amor obsesivo disfrazado de admiración. En foros como Reddit existen comunidades enteras de personas que admiten sentirse “vacías” o “rotas” cuando su ídolo comete un error, tiene pareja o se aleja del spotlight. Esa montaña rusa emocional no es amor: es dependencia parasocial.

Ejemplos modernos

1. El K-pop y la devoción total
Los fandoms de K-pop —como ARMY (BTS) o CARAT (Seventeen)— han llevado la participación fan a otro nivel: campañas globales, proyectos solidarios, votaciones masivas. Sin embargo, la constante exposición de los idols también alimenta una obsesión por su vida privada. Investigaciones como la de Hendrickson (2020) señalan que la cultura de los fandoms surcoreanos puede generar “una sensación de intimidad falsa y un deber moral de protección hacia el artista”.
Ejemplo: En marzo de 2024 apareció un artículo titulado “Karina and capitalism of parasocial K-pop relationships” donde se comenta cómo Karina, que pertenece al grupo aespa, tuvo que pedir disculpas públicamente por estar en una relación romántica con otro actor (Lee Jae‑wook). El hecho remarca que, para muchos fans y empresas del K-pop, que un ídolo “tenga novio/novia” rompe con la ilusión de devoción exclusiva al fan, lo cual tiende a generar una fuerte reacción emocional tanto en fans como en los medios.
2. Streamers e influencers
En Twitch, YouTube o TikTok, el creador no solo entretiene: “vive” con su audiencia. Los chats en vivo, las donaciones y las respuestas personalizadas generan una ilusión de reciprocidad. El problema surge cuando esa ilusión se rompe: cuando el streamer se muestra humano, comete errores o no responde a un fan específico.
Ejemplo:En un video publicado en 2025, los YouTubers británicos Dan Howell y Phil Lester revelaron que habían estado en una relación romántica secreta durante 16 años. Durante ese tiempo, explican que su fandom, conocido como “Phan”, ejercía una intensa especulación: teorías sobre su relación, vigilancia de cada publicación, acoso, doxxing y sensación de violación de su privacidad.
Este caso ilustra cómo una relación parasocial puede escalar: los fans sienten que “saben” todo de los creadores, creyendo incluso que tienen derecho a su vida privada, cuando en realidad la relación era unilateral. La presión emocional que sufrieron los creadores subraya lo dañino que puede tornarse un fandom sin límites.
3. Personajes ficticios
Sí, también podés tener una relación parasocial con alguien que no existe. Desde Sherlock Holmes hasta Levi Ackerman, los personajes pueden convertirse en modelos afectivos o proyectivos. Derrick (2019) explica que, en estos casos, el personaje sirve como “ancla emocional” y puede compensar la falta de vínculos reales. Ejemplo: En un escrito de junio de 2025 se comenta que en Santiago de Chile, al pensarse en la “muerte” simbólica de un personaje de anime Satoru Gojo se creó un altar con flores, mensajes, peluches en torno al póster promocional.
Además, la página de “Waifu” señala que aproximadamente un 38 % de fans de anime reportan tener una “waifu/husbando” (es decir, un personaje ficticio al que sienten profundo apego emocional) en 2025.

¿Por qué nos atrae tanto?

Porque las relaciones parasociales son seguras.
No hay conflicto, no hay rechazo, no hay exposición. Todo está bajo control.
Además, están diseñadas para ser adictivas: los algoritmos de las redes refuerzan la conexión emocional mostrándote más del contenido que te gusta, estimulando el cerebro como si fuera una relación recíproca.
La psicología social lo explica bien: nuestro cerebro busca coherencia emocional. Si un ídolo nos da confort, pertenencia y emoción, tendemos a repetir la experiencia, incluso sabiendo que es unilateral.

¿Cuándo se vuelve dañina?

Cuando deja de ser inspiración y se vuelve sustitución.
Cuando el ídolo ocupa el lugar de relaciones reales, de amistades o proyectos personales.
Cuando el fandom se convierte en una obligación.
Un estudio de Harms (2018) encontró que las personas con niveles altos de ansiedad social o soledad son más propensas a desarrollar vínculos parasociales intensos, usándolos como refugio emocional. Pero, en el largo plazo, esto puede aumentar la sensación de aislamiento.

Conclusión

Las relaciones parasociales no son el enemigo. En muchos casos, nos salvan, nos acompañan y nos dan sentido. Pero cuando dejan de ser un refugio y se transforman en una prisión emocional, es momento de poner límites. Internet nos ofrece un acceso sin precedentes a nuestros ídolos, pero también una ilusión peligrosa de cercanía. Aprender a mirar esa relación con perspectiva —y no con dependencia— es clave para que la cultura pop siga siendo un espacio de expresión, no de encierro.

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✨ investigación hecha por ⫘⫘⫘
🧶 Referencias:
1️⃣ Derrick, J. L., Gabriel, S., & Hugenberg, K. (2009). Social surrogacy: How favored television programs provide the experience of belonging. Journal of Experimental Social Psychology, 45(2), 352–362.
2️⃣ Derrick, J. L. (2019). Parasocial relationships, fan communities, and content creators: Who are we bonding with? University of Edinburgh Research Archive.
3️⃣ Harms, C. (2018). Parasocial relationships and the development of online communities. Portland State University Honors Theses.
4️⃣ Hendrickson, M. (2020). Idol Worship: The Dynamics of Parasocial Relationships in K-pop Fandoms. Journal of Youth Culture Studies.
5️⃣ Horton, D., & Wohl, R. R. (1956). Mass communication and para-social interaction: Observations on intimacy at a distance. Psychiatry, 19(3), 215–229.
6️⃣ Mahdawi, A. (2024, September 13). Social media has blurred the line between fans and famous people. The Guardian.
7️⃣ O’Donovan, R. (2019). Parasocial relationships in the digital era. Applied Psychology and Social Science Journal, 3(1), 44–58.
📷 How much do K-pop fans really spend on their idols? This study breaks it down.